viernes, 9 de noviembre de 2012

Modesta, barata, de toda temporada...

fruto de cada día, ya no reparamos en ella por habitual, y no hace demasiados años era un rarísimo fruto, recibido con agrado exquisito. Pero ha acabado con lo autóctono (ianki tenía que ser), y nos ha dejado un poco huérfanos. Poca gente recuerda que hubo otra, apreciadísima, de intenso sabor. Ahora la invasora medra en cuadrángulos. Cuando Schubert compuso su extraordinario quinteto para piano "La Trucha", poco podía imaginar que aquella amada variedad desaparecería presa del invasor.

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