viernes, 23 de noviembre de 2012

La cara oculta de la luna; Miles Davis

Vamos a  hacer un repaso a todos sus problemas de salud, relacionados o no con las drogas, quizás para desmitificar un poco al mito, para hacerlo más humano y cercano:

Miles estuvo “enganchado” a la heroína unos 4 años (aproximadamente de 1950 a 1954), pero se las arregló para salir del atolladero tras haberse inspirado en el ejemplo del boxeador Sugar Ray Robinson (no olvidemos que Miles era un gran aficionado al boxeo, practicándolo él mismo).
Se liberó él solo en la granja de su padre tras siete u ocho días de atroces dolores: "Sientes que te vas a morir, y si alguien te garantizase que morirías en dos segundos lo aceptarías sin titubear. Tomarías el regalo de la muerte ante la tortura de la vida".

Durante el resto de los '50, todos los '60 y parte de los '70 estuvo "limpio".Pero tras un accidente con uno de sus ferraris ocurrido en 1972, Miles Davis se fue hundiendo poco a poco debido a: la mala acogida de sus últimos trabajos, la falta de inspiración, una serie de operaciones para la implantación de una cadera artificial por las secuelas del accidente automovilístico, una infección en una pierna, cálculos biliares, serios problemas en los labios provocados por la trompeta, y una terrible drogodependencia (no sé en exactamente en que momento empezó su adicción brutal, esta vez a la cocaína), derrumbándose en 1975 e iniciando lo que algún autor llama "sus 5 años en la cara oculta de la luna", y yo prefiero llamar directamente EL INFIERNO.

Años más tarde recordará aquella época: "No me sentía en absoluto capaz de tocar la trompeta. No quería saber nada de la música: no la quería escuchar, ni siquiera oírla distraídamente, no quería verla, respirarla; no quería tener el menor interés. Sabía que un día volvería a la música, porque la trompeta era parte de mí desde que tenía doce años. Sólo que, entonces, no la sentía: estaba aburrido, aburrido a morir.Durante cuatro años no hice absolutamente nada: no salía ni siquiera para ir a una tienda". 
Aunque esto último se contradice con:
"Mi actividad principal consistía en tomar quinientos dólares diarios de cocaína y coger a todas las mujeres que lograra llevarme a casa. También era adicto al Percodán (un analgésico) y el Seconal (un barbitúrico), los cuales acompañaba con cerveza y cognac".


Cayó tan bajo que fue a parar a la cárcel por no pasar la pensión de alimentos a una ex-mujer, y al Pabellón Psiquiátrico del Roosvelt Hospital por ataques paranoicos. Pero el infierno también tiene un final, y a principios de los ochenta comienza una rehabilitación y vuelve a tocar.

Se podrían escribir páginas enteras sobre la no-vida de Miles entre 1975 y 1980, pero como dicen 091 "si es un poco triste esta canción/te daré una pequeña esperanza". La ayuda crucial para sacar a Miles del pozo llego de la mano de su propio sobrino, Vincent Wilburn.Miles le había comprado una batería cuando tenía 7 años, y Vincent se entusiasmó tanto, que finalmente llegó a estudiar en el Conservatorio de Música de Chicago: esa dedicación le había valido el respeto y el afecto de su tío Miles. En los últimos meses de 1979 Vincent iba con frecuencia a NYC a hacer compañía a su tío Miles. Sin duda, Dorothy, su madre y hermana de Miles, alentaba esas visitas como una manera de hacer que Miles dirigiese la mirada hacia un familiar, un sobrino al que adoraba y del que debía responzabilizarse cuando éste se alojaba en su casa de la calle 77 Oeste. Además Vincent, que sentía un entusiasmo juvenil por las cuestiones musicales, no dejaba de hablar de ellas con Miles; le hacía preguntas y le pedía que tocase algo. En poco tiempo ello pasó a ser un factor tan poderoso que por fin Miles comenzó a tocar la trompeta y a principios de 1980 estaba nuevamente listo para dedicarse seriamente a la música.

No es objetivo de esta columna, en absoluto, hacer reseñas de sus discos de los '80, que no son ni por aproximación tan malos como la "inteligentsia" jazzera, que permanentemente vive en el pasado, quiere hacer creer. Ni tampoco hablar de su muerte. Simplemente os quería hacer ver el lado atormentado del genio. Sé que no ha sido una columna agradable de leer, pero la verdad duele y el infierno en la tierra existe.

3 comentarios:

  1. La realidad es está, y la columna es buenisíma, puede que parezca dura pero dura es la vida y no podemos escondernos tras mundos imaginarios donde todo es del color que nosotros queremos ver.

    Miles, desde mi punto de vista, es de los genios más laureados que nos ha dado la trompeta JAZZ junto a Armtrong y Gallespie.. pero claro los genios también son humanos, sienten y paceden, y a veces la soledad te conduce a caminos turbios...

    Pese a lo que pese ahí queda su música, su genialidad, su King Of blue..

    Un abrazo compañero!

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  2. Yo tambien opino que te ha quedado una columna muy buena, la vida es una gama de grises y los colores negros suelen predominar, en el caso de Miles la claridad de su musica o mas bien la pura negritud de la misma es un verdadero placer, ando ahora enganchado con la muscia de "Ascensor para el cadalso" de Miles, porque compre el disco hace poco y estoy un poco insistente con el y aunque no es su mejor disco, y los temas no deslumbran, oirlo es abrir u nparentesis de hermosura en la cotidianeidad
    Que bien que nos sigas contando historias de Miles. Un abrazo
    Jesus

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  3. GRACIAS A LOS DOS!! La verdad es que estoy orgulloso de esta columna, me ha costado esfuerzo, y se agradece que haya gente que la lee y además la aprecia.

    MILES STILL LIVES

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