miércoles, 1 de agosto de 2012

LA TAZA EN SU MANO

Estaba siempre con una taza de café pegada a su mano izquierda. Bebía de 16 a 18 cafés diarios. Pero no hablamos de tacitas de café, sino de una señora taza en la que cabrían 4 ó 5 tacitas. Lo que, según las zonas, se conoce como poto, o tazón, o pocillo. Si había algo permanentemente encendido en su casa era la vitro con una gran cafetera italiana encima. Y dormía como un bebé.

No era un “connoiseur”, sólo sabía -a base de ensayo y error- que su café favorito era el de Guatemala, que sólo se podía encontrar en una pequeña y aromática tienda del casco viejo especializada en tés y cafés del mundo entero. Allí se sentía mejor que en casa, con todos esos deliciosos perfumes envolviendo su aura. A veces compraba una pequeña cantidad de algún té que le recomendaban especialmente, y le gustaba, pero para él, nada en el mundo era superior al café de Guatemala.

Siempre estaba tentado de viajar allí para ver el cultivo, los procesos...pero ya hacía un importante desembolso económico en ese caro café, que ni para libros ni discos -su gran pasión- tenía. Por cuasualidad, en su amado casco viejo, en una calle perpendicular a la tienda, se encontraba la Biblioteca Municipal, y en cada visita a la tienda se llevaba 3 libros y 5 Cds, lo máximo permitido.

Una noche se sintió raro: no podía despegar el asa de la mano. No se intranquilizo: volco el café restante en la fregadera, y se fue a dormir pensando que era simplemente un agarrotamiento muscular. Cuando despertó, la taza seguía en su mano. Y no podía separarla de ninguna manera: probó con vinagre, aceite, mantequilla, jabón, lejía, desatascador, hielo...no había forma. Ahí si que empezó a preocuparse. Acudió a urgencias y, tras diversos tratamientos de choque, le confesaron que no habían visto nada más raro en vida. Según las radiografías todos sus huesos se encontraban bien, y el tejido muscular estaba en buenas condiciones.

Se acercó un cirujano,y, con bonitas palabras, le dijo que la única solución era amputar en parte dos de los dedos de su mano izquierda. Él sonrió ampliamente: ¡Por fin podría tocar la guitarra como su amado Django Reinhardt!

10 comentarios:

  1. Si señor, como decimos por aquí...PEAZO RELATO, investiga a ver dónde diablos lo puedes enviar que te premian fijo. Cuidate!!!

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  2. Para los que no sepan la historia de Django R., decir que su gran mérito y superación personal fue llegar a tocar de forma tan brillante su guitarra con la mano dañada.

    Me parecía necesario el apunte, basicamente por si te lee alguien desprevenido y se toma el relato a la tremenda siendo todo lo contrario.

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  3. jaja me ha gustado mucho, eso sí que es ser optimista. Me encanta Django y si es con Grapelli aún más. Aluciné la primera vez que los escuché.

    18 tazas de café!!!! como para no quedarse pegado a ella, yo sólo con una, lo que no pego es ojo, me quita el sueño. Pero a su olor no puedo resistirme, cuando está recién hecho me acerco a la cafetera y lo huelo durante unos minutos...el tiempo que el aroma queda flotando en el aire... manías...

    Besos (para ti también ned)

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  4. Gracias chic@s!! Ned, yo paso de los concursos, carezco totalmente de espíritu competitivo (así me fue en el trabajo). Además me da una pereeeeeza empezar a buscar concursos. Lo que puede que haga, dentro de 2 ó 3 años, es presentarme a una editorial para escritores noveles con lo que yo considere lo mejor, a ver que pasa...

    Precisando aún más lo de Ned, estuvo a punto de morir en un incendio en su casa-caravana, casi le amputan una pierna, y sólo tenía movilidad en los dedos índice y corazón de la mano izquierda.

    Dinah, yo me parezco más al protagonista del cuento que a tí, de hecho ahora mismo tengo sobre la mesa un pocillo de café con hielo.

    Y sí, para mí el olor más maravilloso del mundo es el café recien hecho por la mañana.

    Djiango y Grappelly en el Quinteto del Hot Club de Francia podían parecer una combinación inusual para el Jazz, pero aparte de ser unos virtuosos, tenían un pedazo de swing...!!

    ABRAZOS PARA L@S DOS!!!

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  5. el problema vino despues...
    sensacional relato,lastima que yo sea incapaz de saborear ni de oler nada,soy monolfativo y monogustativo.
    suerte

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  6. Hola menteinvible, bienvenido a esta, tu modesta casa.
    Gracias por lo de sensacional, se me ocurrió entero en un segundo, mientras sostenía un pocillo de café, claro.
    Siento que seas incapaz de saborear ni oler nada, a un compañero de trabajo de mi padre le pasaba lo mismo. Debe de ser una putada de cojones. ÁNIMO Y A SOBRELLEVARLO!!!

    Un abrazo

    Mario

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  7. buen relato compañeiro
    ay el cafe
    en oaxaca cerca de guatemala
    en las comunidades indigenas que lo cosechan
    el olor del suave cafe en un fuego de leña
    el suave café con panela i canela pues
    i en tazas grandes como las del caldo
    una i otra taza de cafe zapoteca....
    acá en europa ni podemos cultivarlo
    ni podemos hacerlo igual
    ay grappelly
    recuerdo su tremendo concierto en vigo
    en el teatro garcia barbón en el 94 o 95
    tremendo delicado i brutal
    solo faltó el aroma del café
    unha aperta
    pipas

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  8. ¿Este comentario es para darme envidia, no? El café en su tierra de origen, y Grappelly en Vigo cuando yo no tenía un maldito segundo libre por la tesis...

    APERTAS COMPANHEIRO!!!

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  9. pois non é para dar envexa
    é para compartir vivencias
    dun país lonxano
    e da nosa querida cidade
    unha aperta
    pipas

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  10. Lo decía de coña, Pipas, como tú dices lo de querida ciudad ;-))

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