viernes, 3 de agosto de 2012

CABEZA VOLADORA

No tenía ni idea de lo que le pasaba, nunca le había ocurrido algo similar: su cabeza volaba, pero no volaba en una dirección concreta; en ninguna y en todas a la vez. Al menos, no sentía que se le separara del cuerpo, como le dijo un borracho en un bar.

Sólo daba vueltas y más vueltas, trazando espirales y orbitas planetarias excéntricas: lo mismo recordaba su séptimo cumpleaños que a la última amante que tuvo. O no recordaba nada y simplemente contemplaba esa mente a veces circular, a veces elíptica. Era como observar un baile ritual desde la altura del Everest.

Era algo agotador: intentó con infusiones, fue a la herboristería a por las capsulas de valeriana más fuertes que tuvieran. Le conocían de sobra, era vegetariano e iba allí a comprar germen de trigo, levadura de cerveza, soja, comprimidos de todas las vitaminas del complejo B...y remedios para gripes y catarros o cualquier malestar. Les contó lo que le pasaba (sin poder hilvanar una frase coherente y hablando como Yoda). Fueron sinceras: “La valeriana no te va a hacer nada”. “Ya sabemos que eres tan reacio como nosotras a la medicina oficial, pero yo subiría a Urgencias”

Se sentó -o eso creyó- en un banco de la calle. Con la cabeza patinando sobre hielo, el ruido del tráfico, su rechazo a la medicina oficial, y lo que le habían dicho en la herboristeria, pensó en tirarse debajo de un camión. Para mayor ironía, no se había sentado en un banco, sino en el escalón de acceso a una empresa de pompas fúnebres.

De los males el menor, se decidió a subir a urgencias en un taxi. Estuvo 3 horas esperando a que le atendiera un psiquiatra, y su mente seguía torturándole.

El psiquiatra le dijo que era un brote psicótico y llamó a un practicante para ponerle una inyección intramuscular de una sustancia llamada olanzapina. Casi inmediatamente notó que la velocidad de su mente y los ciclos se calmaban, pero empezó a notar también que se le caía la baba por la comisura derecha y que apenas podía pensar. Los 3 últimos años de su vidal los pasó encerrado en un psiquiátrico convertido en vegetal.

7 comentarios:

  1. Mala suerte, hay que tener cuidado con los tripis aunque siempre se les echa un poco de menos. La vida es a veces tan rutinaria.

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  2. Pues si, la vida es, a veces, tan rutinaria... y a la vez, puede resultar tan estresante y agobiante..., que cuando la cabeza empieza a darle vueltas a todo y los pensamientos giran y giran sin poder detenerse, con una rapidez que se hace insoportable y no se encuentra el interruptor que con un sólo click haga por fin que todo pare, la desesperación es total.
    Quizás con una dosis más baja de olanzapina combinada con otros fármacos... su vida , incluidos esos últimos años hubiesen sido muy diferentes.
    Siento no tener sentido del humor cuando se trata de estos temas.

    Un abrazo.

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  3. invariablemente el fin de este cuento es lo primero que se te pasa por la cabeza cuando te ponen la inyección, te pones el pijama y piensas "me van a dejar aquí de por vida" y sientes todo el peso del mundo. Diez minutos después estás con la baba por la comisura, con los ojos medio cerrados por el colocón del somnífero o lo que quiera Dios que sea y sin poder juntar dos neuronas seguidas.

    eso sí, a pesar de todo ello siempre subyace ese resquemor... "me voy a quedar así para siempre" y entonces cobra sentido la frase calamariana "la vida es una carcel con las puertas abiertas". Pavoroso.

    mal momento para leer algo así.

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  4. Siento haberos hecho daño con el relato, Ned y Dinah. Compartí habitación durante 3 días con un chavalote que había entrado por un brote psicótico, y le metieron una sobredosis o una medicación erróneea, y se pasó los 3 días murmurando palabras ininteligibles y atado a la cama. Quizás haber estado internado en la planta de psiquiatría te hace ver diferentes esta cosas, no sé...

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    1. Por mi no te preocupes. Sabes que ya son solamente recuerdos. Los brotes psicóticos y los malditos efectos de múltiples medicaciones erróneas, pueden doler casi tanto viviendolos junto a personas que quieres como padeciéndolos en primera persona, y digo casi, porque creo que nadie sufre más que el propio afectado.

      Besos, Mario.

      Ned, animate, besos y un abrazo

      y por supuesto también para ti, Krapp.

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  5. Si he molestado al autor de este blog le pido disculpas, no he estado nada afortunado con mi comentario. Pensaba que era un simple relato de ficción y no tenía connotaciones personales y humanas. Lo siento.

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  6. Taanqui, Krapp, no me has hecho daño. No tiene ninguna connotaciones personal en el sentido de que nunca he padecido eso, pero sí he visto algunas consecuencias.

    Tripis no he comido nunca, jaja, ni ganas. Alcohol poquísimo y algún porrito de adolescente, eso es todo.

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